En todo el Mediterr?neo se conoce por su denominaci?n latina ?Allium?, que procede del celta y que significa ?ardiente? o ?abrasador al paladar?.
El ajo, es una lili?cea tan sencilla como maravillosa, ocup? un lugar preferente y privilegiado en la farmacopea egipcia y todav?a m?s importante, en la hebrea.
El ajo se emplea desde la antig?edad no s?lo como condimento crudo o cocido, sino como antis?ptico contra diversas enfermedades que, dada la falta de higiene de esas ?pocas.
Herodoto nos habla de una inscripci?n en la Gran Pir?mide en la cual se dice que se suministraban grandes cantidades de ajos a los trabajadores como estimulante muscular y que estos com?an tambi?n sus tallos.
Precisamente, los obreros emprendieron una huelga porque se les suprimi? el suministro cotidiano de ajos, pues pensaban que esos bulbos eran esenciales para darles fuerza y resistir el cansancio en aquel trabajo tan extenuante y monumental de la construcci?n de la Gran Pir?mide de Gizeh.
El ajo fue igualmente considerado como un medicamento cl?sico en la antigua Grecia y recomendado para tratar todas las enfermedades adem?s de ser un alimento con importantes cualidades diet?ticas y alimenticias.
Arist?teles, el gran fil?sofo, m?dico y naturalista, lleg? a decir de los ajos que ?es una cura para la hidrofobia y un t?nico laxante pero malo para los ojos?. Hip?crates ( 460 a. C.) lo consider? como un sudor?fero al estimular la transpiraci?n y tambi?n como laxante y diur?tico.
En cuanto al pueblo romano, uno de los dominadores del mundo antiguo, tuvo excelentes conocedores y defensores del ajo.
Los soldados romanos consum?an en abundancia ajo porque estaban convencidos de que les daba fuerza y coraje en las batallas. Uno de los m?dicos m?s famoso, Claudio Galeno de P?rgamo (231-200 d. C) habl? excelentemente del ajo, al cual denomin? ? theriaca rusticorum?, es decir la ?meladura del pobre?. El mismo que se dijo siempre disc?pulo y seguidor de Hip?crates, mantuvo sobre el ajo que era el mejor ant?doto que exist?a contra todo veneno, a la vista de todas sus experiencias.
Lo mismo sucedi? en la Edad Media en con los pueblos escandinavos. Aunque de todos los pa?ses europeos donde m?s se aprecia el ajo es en Gran Breta?a, donde se cree que fue introducido por los romanos durante la ocupaci?n de Britania.
Cuando tuvo lugar la gran plaga de 1665, en la cual murieron miles de personas, sobrevivieron como por milagro, habitantes de una casa de Chester, pues los s?tanos de la vivienda conten?an gran cantidad de ajos, al parecer, salvaron a sus habitantes de esta horrible peste. Esta casa, de estilo Tudor, posteriormente se llam? ? God?s Provident House?, y hoy est? abierta al p?blico como museo.
Propiedades curativas
El mejor terreno para cultivar el ajo es el arcilloso- sil?ceo, bastante seco y bien soleado. Los mejores meses para la siembra son de noviembre a marzo, y para recogerlo de junio a julio.
Los dientes de ajo producen un tallo ?nico que cuando amarillea, despu?s de los meses de julio y agosto, hay que dejarlo morir.
Se recoge, se deja secar al sol, se atan en manojos y se cuelgan en una habitaci?n seca, lejos de las heladas y del fr?o.
Cuando seca el bulbo de un ajo, conserva todav?a el 50-60 por ciento de agua, el 10-18 por ciento de gl?cidos o az?cares, 6 por ciento de prote?nas y 0, 2-0, 5 por ciento de l?pidos y grasas.
Son abundantes las sales minerales ( zinc y magnesio) as? como las vitaminas C (hasta 18 mg), A, B1, B2, PP y E. Tambi?n contiene de 1 a 2 por ciento de celulosa.
El ajo tomado en grandes cantidades, al menos una cabeza por comida, cuidadosamente ensalivado y masticado ( si se soporta masticarlo) excita el apetito, fomenta las secreciones g?stricas y la motricidad de las paredes intestinales y estomacales favoreciendo la digesti?n y, sobre todo, destruye las fermentaciones intestinales, los gases y la aerofagia.
Todos los granos, irritaciones o inflamaciones de la piel, de las mucosas bucales, anales, conjuntivitis, etc., se curan terminantemente si se esteriliza bien la sangre. Y esto se consigue precisamente con una intensa cura de ajos; es decir, tomando durante varios meses una cabeza de ajo por comida.
Las formas m?s cr?nicas de artritis reumatoide, la artrosis en general, la ci?tica, la gota y los lumbagos se tratan excelentemente con una cura de ajos. Sin embargo, el sistema cardiovascular es uno de los aparatos sobre los que el ajo act?a m?s eficazmente y en el que se obtiene los mejores resultados.
Todas las enfermedades causadas por un estado de intoxicaci?n de la sangre y sobre todo la arteriosclerosis, que es la causa originaria de la enfermedad tromboemb?lica que produce todo tipo de obstrucci?n de los vasos que irrigan el ?rgano, pueden y deben ser tratados con una cura de ajos, con lo cual se evita suministrar anticoagulantes.
Las enfermedades de los bronquios, laringe y pulmonares mejoran notablemente con el ajo, al igual que la hipertensi?n arterial. En este caso, el ajo comido en grandes cantidades lo resuelve f?cilmente en poco tiempo.
Por ?ltimo, el ajo tambi?n cura afecciones del sistema genital ?urinario, tales como los c?lculos de ri??n y la arenilla renal. En la mujer cura los trastornos menstruales, la frigidez o las afecciones cr?nicas de los ?rganos genitales.
Antes de finalizar una aclaraci?n: hay que practicar las curas de ajos de forma recurrente y continua.
Si todas las hierbas y vegetales formaran parte de una dieta normal de las personas y se emplearan con finalidades preventivas y fomentando la resistencia y la inmunidad natural a la enfermedad, como se hac?a en otros tiempos, la humanidad gozar?a de mejor salud.
Gracias Vivi...

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