Chicos envasados: al 80% de las madres les angustia que sus hijos no tengan niñez
La inseguridad, la computadora y un profundo cambio de hábitos hacen que los niños cada vez jueguen menos al aire libre. Ya ni siquiera sus padres se atreven a mandarlos al kiosco y los acompañan a todos lados. Según un estudio, el 80% de las madres coincide en que se está perdiendo la niñez. Los psicólogos advierten sobre los peligros de esta carencia. Los niños, por su parte, entre los videojuegos y la plaza, no dudan en elegir jugar en la pantalla.
En el libro El arrancacorazones, Boris Vian describe cómo, llevada por su asfixiante amor, una madre va reduciendo poco a poco el mundo de sus hijos a los límites de su jardín para, luego, terminar encerrándolos en unas coquetas, confortables, seguras y asépticas... jaulitas de oro.
Muchos cayeron en la facilidad de rotular al artista francés como a un escritor surrealista. Estaban equivocados, porque eso sería muy simple. El se limitaba a describir la vida. Lo hacía poéticamente y tenía una imaginación a prueba de toda rutina, pero describía la vida. Tal y como es.
“Ma, voy a la plaza a jugar”. Esa frase tan común en los niños hasta la década del 70, solía obtener respuestas como “bueno” o, en el más paranoico de los casos, “llevá un abrigo por si refresca”. Ahora, esa situación es sólo un lejano recuerdo.
A lo largo de los años, el despreocupado permiso dado por las madres se fue acotando poco a poco hasta transformarse al rotundo “no” que conocen los niños de hoy.
Ya nadie a los ocho años va solo al almacén a hacer las compras, ningún nene pasea por la calle sin adultos, es impesable que una madre deje a su hijo caminar hasta lo de algún amiguito sin supervisión.
Hay una sensación de peligro. Los mismos padres que crecieron jugando en la esquina no dejan a sus hijos salir solos. Temen, pero a la vez se preocupan porque son conscientes de que así, encerrados en jaulitas de oro, no disfrutan de la infancia como ellos lo hicieron.
Dicen los números.
Según un estudio realizado por la marca de Unilever Ala, el 80 por ciento de las madres argentinas que entrevistaron cree que los chicos están siendo privados de su niñez.
El 49 por ciento de las mujeres consultadas, confiesa que lo que más les preocupa, a la hora de dejar a sus hijos hacer su experiencia, es la seguridad.
Además, reflexionan y llegan a la conclusión de que lo más grave de todo esto es que la infancia terminó siendo afectada por el estilo de vida y las presiones de la sociedad actuales.
El informe dice: “Ellas sienten que sus hijos no pueden disfrutar ni participar en actividades no estructuradas, factores que favorecerían y mejorarían su desarrollo”.
Camila Solda tiene 30 años y creció en Devoto, un barrio que recorrió en libertad durante toda su infancia: “Andaba en bici, jugábamos a la escondida atrás de las vías, hacíamos guerra de bombitas de agua en Carnaval con los de la cuadra de enfrente y los únicos días que nos quedábamos adentro eran los de lluvia, pero ni siquiera todos”.
Veinte años después, y viviendo en la misma zona, Camila confiesa que Antonella Cipriano, su hija de siete, tiene una vida absolutamente diferente a la que ella tuvo: “La llevo y la traigo a todos lados porque no me quedo tranquila si anda sola. Ya no es lo mismo”.
Antonella, que escucha a su madre atentamente, asiente con la cabeza y no parece preocuparse, ni sentir que algo le esté faltando. “A mí, lo que más me gusta es jugar en la compu o sino ver Patito Feo y armar las coreos con mis amigas. Eso no se puede hacer en la plaza”, reflexiona en voz alta, a modo de explicación.
“Cuando éramos chicas, conmis hermanas esperábamos re ansiosas cumplir ocho años porque a esa edad, mis padres consideraban que podíamos tener la llave de casa. Me acuerdo que la mía me la colgué del cuello como si fuera un collar para que todo el mundo la viera”, cuenta Vanina Spina.
Pero la nena del trofeo cerrajero de ayer, se tuvo que convirtir en una madre que no pasa ese honor de generación en generación. Con 35 años y dos hijos de ocho y diez, asegura que ninguno goza del privilegio de poder abrir la puerta de la casa. “Mirá si se les mete alguien atrás”, dice.
Miniclaustrofobia.
Según el estudio, al 77 por ciento de las madres les preocupa que sus hijos crezcan demasiado rápido y la licenciada María Sol Estévez explica que nota en los chicos de hoy “cierta tendencia al encierro”.
La psicóloga, especializada en niños, dice: “El juego es importante para el desarrollo durante los primeros años de vida. No es lo mismo un chico que vive en un departamento que otro que tiene patio o jardín, porque el primero va a tener tendencia a reprimir su energía. Pero igual para ambos es un problema, porque lo esencial del juego es compartir con pares y eso no se encuentra en la soledad de ninguna casa”.
Las inquietudes de las mamas
ELa mayoría de las madres sostienen que la infancia terminó siendo afectada por las presiones sociales.
Al 49% le preocupa la seguridad cuando los dejan salir.
El 77% teme que estén creciendo demasiado rápido.
El 79% asegura que en el país se olvidó lo importante que es jugar.
El 52% dice que la niñez ya no es lo que era y e 62% piensa que la generación de sus hijos puede tener problemas de relación en el futuro.
Diario Perfil, 3 de noviembre de 2007

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